Agresión sexual y quemar a una mujer: diversión de republicanos del Frente Popular

Llega febrero de 1937 y eso es que llega el fin de la vida terrenal de Carmen García Moyón.  Los asesinatos de los republicanos ya no se pueden achacar a grupos incontrolados.  Ha pasado ya más de medio año desde la sublevación.  Los que sobrevivieron a los primeros días siguen en peligro si son católicos.

Entre ello se encuentra Carmen García Moyón, de 48 años que había nacido en Nantes (Francia) hija de padre español y madre francesa, familia que regresa a España, concretamente a Segorbe (Castellón), a principios de siglo, en donde Carmen entra en las terciarias capuchinas y marcha en 1926 a Torrente (Valencia), en el convento de Monte Sion, en donde se ocupa de la peligrosa misión para la República de dar catequesis a los niños y de la limpieza de la iglesia y cursos de costura para las torrentinas.

Al estallar la Guerra Civil aunque sabía que los milicianos republicanos asesinaban a los sacerdotes y monjas llevaba la eucaristía por las casas, incluso cuando los del Frente Popular asesinaron a los terciarios Capuchinos del convento de Torrente.

Finalmente los milicianos republicanos la detuvieron sólo por ser católica y la llevaron al Barranco de les Canyes (Cañes, o cañas) en donde intentaron un abuso sexual para violarla.  Su resistencia impidió la agresión sexual de los republicanos.  Pero estos la rociaron de gasolina y la prendieron fuego convirtiéndola en una tea de fuego, muriendo dando gritos de viva Cristo Rey junto a los pavorosos gritos de dolor.  Los milicianos viendo su sencillo cuerpo sufriendo la tortura del fuego se burlaban de ella hasta su muerte, que les llegó de inmundo gozo.

Fue elevada a los altares en el grupo de 233 mártires de la misma persecución beatificados por SS Juan Pablo II en 2001.

Carmen García Moyón
Carmen García Moyón