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Cobardía de la Iglesia católica. Un ejemplo: Monasterio de Uclés

El MONASTERIO DE UCLÉS.  VERGONZOSO SILENCIO DE LA IGLESIA

Si uno visita el Monasterio de Uclés (Cuenca), que es propiedad de la Iglesia Católica, recibe una guía grabada en que comienza con una explicación de la historia del Monasterio que pasa por la Segunda República y Guerra Civil sin mencionar ningún hecho para, a continuación, mencionar que tras la guerra fue lugar de fusilamientos.

Curioso que la Iglesia oculte a sus mártires incluso si son beatos.  O no se dice nada o se dice todo.  El visitante se lleva la impresión oyendo la explicación de que en ese Monasterio pese a que no pasó nada durante la guerra, en la postguerra hubo represión.  Es un injusto trato a quienes dieron su vida por Cristo en el Monasterio de Uclés.

La comunidad agustina de Uclés fue expulsada del Monasterio por el alcalde republicano el día 24 de julio de 1936 por lo que los sacerdotes fueron a refugiarse en casa de amigos.  El monasterio fue saqueado por los milicianos del Frente Popular.

El día 27 de julio fue asesinado en Belinchón el ya beato Vicente Toledano Valenciano, natural de Saceda Trasierra (Cuenca) que era el párroco de Uclés.  Había sido detenido por la tarde junto con otros sacerdotes y otros vecinos, pero lo llevaron a las “emes” de Belinchón para su martirio.  ¿Con quienes fue asesinado?  El martirio lo sufrió junto con los sacerdotes y beatos José Gutiérrez Arranz, José Aurelio Calleja del Hierro, Enrique Bernardino Francisco Serra Chorro y Antolín Astorga Díez.

El día siguiente son asesinados los sacerdotes Lorenzo Arribas Palacio, Primitivo Sandín Miñambres, Pedro Alonso Fernández y Froilán Lanero Villadangos.  Vista la caza del católico cometida por las autoridades republicanas intentaron refugiarse en Madrid (no podía ir a sus domicilios de Burgos, Zamora y León, pues estaban en la zona nacional, en la que no se ejecutaba sacerdotes).  Marcharon en tren, pero fueron descubiertos y llevados presos a la checa de Atocha y finalmente martirizados a las tres de la tarde del 28 de julio de 1936 en la carretera de Madrid-Valencia, kilómetro 9, por el hecho de ser sacerdotes católicos.

Los sacerdotes y beatos Jacinto Martínez Ayuela y Nicolás de Mier Francisco (ambos palentinos). Tras la expulsión del convento de Uclés Nicolás de Mier fue acogido por familias amigas hasta que las autoridades le obligaron a abandonar el pueblo (cosa que hizo no sin antes arriesgarse a ir a la parroquia a consumir el Santísimo, pues el párroco había sido asesinado la noche anterior).  En tren se fue a Cuenca junto con el sacerdote Jacinto Martínez (estaba destinado en Brasil, pero enjulio estaba en España para el Capítulo provincial pasando por Uclés), siendo apresados y llevados a la cárcel hasta su asesinato el 21 de septiembre en las tapias del cementerio.

También es curioso que ninguna lápida en el monasterio nos recuerden a quienes con su vida y ejemplar martirio dieron testimonio de la Fe.

Cruel olvido de su propia Iglesia y obispado que debiera repararse.

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