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Alginet y otros lugaren izan la bandera de la II República. Una República que mató y prohibió la religión también en Alginet.

La represión republicana contra la libertad religiosa se disparó en Alginet el día 21 de julio cuando en torno a las dos de la tarde un numeroso grupo de partidarios de la II República fueron a la plaza de la Iglesia y asaltaron la parroquia del pueblo, del siglo XVII.   Entraron en ella a la fuerza y sacaron todas las imágenes, objetos de culto y registro parroquial a la plaza y forman una gran pira inquisidora.

Tras ello el Comité Popular republicano convirtió la iglesia en un café de la CNT.  Entre lo destruido destaca el retablo de San Gregorio de incalculable valor y nada menos que de 1564, de tres metros de alto por dos de ancho.  Los milicianos del Frente Popular también quemaron las imágenes de la Virgen del Rosario y de la Purísima, atribuidas a Vergara.  También se perdió para siempre la imagen de San Antonio Abad, patrono de Alginet.  Ya pasado el tiempo el día 5 de noviembre los milicianos robaron cuatro de las cinco campanas de la torre, que desaparecieron para siempre.

Tras ello los demócratas milicianos y milicianas fueron a la ermita de San José que asaltaron e incendiaron sus imágenes (entre ellas el San José que se databa en el siglo XIII), perdiéndose también su campana.

No satisfechos con todo el salvajismo anticatólico y anticultural los milicianos asaltaron el hospital colegio del Sagrado Corazón, destruyendo sus imágenes.  En este templo de las religiosas de la doctrina cristiana nada se pudo salvar.

Pero también asesinaron a su párroco, don José Guerrero Rodríguez, que fue asesinado a los 71 años.  Estaba refugiado en casa de un amigo en Valencia viviendo con un amigo de Valencia.  Pero en septiembre de 1936 fue detenido por el “Crimen” de ser sacerdote y llevado preso a la cárcel de la Segunda República situada en las Torres de Quart.  Su casa había sufrido tres registros y robos por parte de milicianos, la primera el 16 de agosto.

¡Viva la República! también es lo que gritaban sus asesinos.  Lo mismo que en 2016 gritan sus descendientes políticos.

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