Un niño de 14 años asesinados por los defensores de la Segunda República. ¿Delito? Era católico y no lo ocultaba.

Ferrer Rodrigo-Antonio
Antonio Ferrer Rodrigo, asesinado por los republicanos a los 14 años por el comité rojo de Alfafar.

Había una extraordinaria familia en Alfafar formada por Eliseo Ferrer Ferrer y su esposa Milagros Rodrigo Lomos, que vivían en la calle Cánovas del Castillo, 6, de Alfafar.  Con ellos vivían sus hijos Antonio (el mayor y de 14 años9, Milagros, Eliseo y Josefa.

El padre, Don Antonio Ferrer, tenía una carpintería en Alfafar y un almacén de maderas en Benetússer.

Era una familia profundamente cristiana y Antonio[1] (el niño de 14 años) iba diariamente a misa, hacía constante oración ante el santísimo y en el rezo del rosario.  Además, era gran colaborador de la parroquia.  En ella fue monaguillo, pero además llevaba la cruz en los entierros y procesiones, llegando a escribir notas de actas de bautismo, defunción y matrimonio de la parroquia.

Junto a su intensa vivencia religiosa le gustaba hacer cenas y chocolatadas con los amigos en la carpintería de su padre o en una casa de la plaza.  Le encantaban los animales, especialmente su gato.  Le encantaba tanto el cine que en la carpintería de su padre tenía colgados carteles de películas (como la de King Kong).  Era coleccionista de filatelia.

Pero la segunda República destacó por su ataque a la libertad religiosa de los católicos, por lo que él, a pesar de ser un niño, se convirtió en un objetivo de odio de los republicanos del Frente Popular, llegándole a enviar escritos anónimos amenazándoles de que si no dejaba sus prácticas religiosas lo matarían.   Incluso en el cine estaba un día con Josefa Lacreu Puertes y hubo de esconderse debajo de la butaca porque unos milicianos habían entrado para buscarlo.

Cuando los días 9 y 20 de julio los milicianos republicanos del Frente Popular asaltan e incendian la iglesia y las imágenes él lo contempla junto con otros feligreses ardía de dolor en su corazón, pero cuando vio que sacaban el Sagrado Corazón, no pudo más su corazón y recriminó a los milicianos su acción, ante lo que ellos dijeron al niño: “Te acordarás de estas palabras.  Te vamos a matar”.

Asustados los padres por las amenazas de los del Frente Popular a su hijo, y el odio que le tenían por su intensa vida católica, decidieron alejarlo de Alfafar, por lo que el día 21 (el siguiente al incendio) lo enviaron a casa de su tía materna de Sollana.

Cuando llegó a Sollana se encontró con el mismo doloroso espectáculo de incendio y destrucción de todo lo católico a manos de los “defensores de la legalidad republicana”.  Allí contrajo el tifus y para evitar el riesgo de contagiar a sus primos, volvió secretamente a Alfafar (sólo lo sabían unas vecinas de confianza llamadas Inés Giner Ricart y Carmen Juan Pablo, La Póncia).  Poco a pocos se recuperó de su enfermedad y comenzó a salir a la calle.

El padre creyó ingenuamente lo que tanto repiten ahora los partidarios de la República del Frente Popular: que el problema era de incontrolados en una fase inicial pero que el gobierno republicano imponía el orden, por lo que quedaron más tranquilos.

Pero obviamente era falso.  No se trataba de una persecución de incontrolados, sino de la obra controlada de genocidio contra una religión, la católica.  Y ese niño era un enemigo para la Segunda República.

A las 11 de la mañana del día 2 de diciembre de 1936 un grupo de milicianos entró a la fuerza en la casa en que vivían de la calle Cánovas el Castillo, 6, Eliseo Ferrer Ferrer (45 años y natural de Alfafar) y Milagros Rodrigo Olmos, con sus hijos Milagros, Eliseo, Josefa y Antonio, este de sólo 14 años, Antonio Ferrer Rodrigo.  El grupo estaba compuesto por Francisco Sánchez Íñiguez, Juan Vidal Palau, Luis Gomar Guirola y Eleuterio Chuliá Ferrer.

Bajos las amenazas de sus fusiles y pistolas ordenaron al niño que fuera con ellos al ayuntamiento.  Su padre, lógicamente, lógicamente dijo que no iba a abandonar a su hijo y que “donde iba su hijo, voy yo”.  Le amenazaron advirtiéndole lo peligroso que era también para él, pero el padre se negó a abandonar a su hijo.  Era un corazón limpio frente seres sin corazón.

Se los llevaron al ayuntamiento.  Los dejaron un tiempo sentados en un banco de la plaza donde algunos vecinos los vieron sereno y que al pasar los despedía como consciente de que era una despedida final.  Finalmente los metieron en el ayuntamiento durante siete tortuosas horas (fue un caso especial pues el resto de vecinos detenidos y asesinados los llevaba a la Villa de San Bartolomé, que era la sede del comité del Frente Popular).

Al anochecer los subieron a un coche y los llevaron a la Torre Espioca, de Picassent.  Lugar al que los republicanos del Frente Popular llevaron a cientos de católicos, derechistas y falangistas a asesinar.

Antonio, el niño, durante el camino fue rezando el rosario y al parecer sus últimas palabras fueron para dar un viva a Cristo Rey del Universo, porque los criminales le cortaron la lengua.  ¿Razón para esta salvajada? Que los milicianos le pedían que dijera dónde tenía guardados ciertos objetos de culto de la Iglesia y también para que dejara de rezar a Dios.

A continuación, y delante de su pobre padre, le dieron un tiro en la sien.  A continuación, su padre fue asesinado por la doble razón de ser católico y de no dejar abandonado a su hijo.  Su madre y esposa declaró tras la guerra que allí los asesinaron mientras los sujetaban Manuel Chordá Donat y Francisco Sánchez Íñiguez, cortándoles los testículos con una navajita un tal Emilio Raga Gimeno

Al día siguiente se hallaron los cuerpos y los llevaron al cementerio de Picassent.  Allí enterraron al padre en una fosa común, pero al ver que el otro asesinado era un niño, caritativamente lo enterraron en un nicho vacío de un panteón particular.

Al terminar la guerra su madre encontró en el bolsillo de la chaqueta de su hijo una pequeña medallita de la Virgen de los Desamparados que le acompañó en su martirio.  Era la misma medalla que había llevado otro vecino de Alfafar mártir en 1934 a manos de miembros del Frente Popular, don Juan Puertes.  Actualmente esté incurso en causa de beatificación y es “siervo de Dios”.

[1] http://www.religionenlibertad.com/18h-del-2-de-diciembre-en-la-torre-de-espioca-picassent-19266.htm