Una madre de 83 años y cuatro hijas asesinadas por milicianos sólo porque son monjas.

ferrragudEn 1872 se casa Vicente Masiá Ferragud con María Teresa Ferragud Roig. Ella daba normalmente limosna y ayudaba a bien morir a los agonizantes. Tuvieron nueve hijos. Varios murieron de niños y seis ingresan en órdenes religiosas. Hablamos de la agustina descalza Josefa Masiá Ferragud (nacida en Algemesí, Valencia el 10/6/1887) y las carmelitas descalzas Vicenta Masiá Ferragut (nacida en Algemesí el 12/1/1882), Joaquina Masiá Ferragut (nacida en Alginet el 15/6/1884) y María Felicidad Masiá Ferragut (nacida el 28/8/1890). María Teresa en el Monasterio de Agustinas de Valencia. María Vicenta, María Joaquina, María Felicidad (nombre puesto en memoria de la anterior hija fallecida) y Vicente (el único varón), se consagran al Señor en la Orden Capuchina. Josefa Ramona en la Orden de Agustinas Descalzas.

La madre (83 años) ante la persecución política de la república pide a cuatro de sus hijas, María Vicenta (Sor María Jesús); María Joaquina (Sor María Verónica); Josefa Ramona (Sor Josefa de la Purificación) y María Felicidad (Sor Felicidad) que se oculten en su casa de Algemesí, pues sus conventos ya habían sido asaltados.

En octubre de 1936 son detenidas por milicianos de la república española que por ser monjas las interrogan (vete tú a saber para sacar qué información) y pretenden obligar a las monjas a prostituirse con milicianos, ante lo que se negaron a rebajar su dignidad de mujeres y religiosas, y ello en varias ocasiones. Finalmente son llevadas presas al monasterio cisterciense de Fons Salutis, convertido en prisión durante una semana en que son sometidas a vejaciones, amenazas, insinuaciones.

El 25/10/1936 vuelven a por ellas y la madre las defiende, pero los milicianos republicanos (hoy supuestas víctimas de por la memoria histórica) las sacan de la cárcel y a empujones las meten en un vehículo que las lleva al kilómetro 1 de la carretera de Algemesí a Alzira, al lugar de la cruz cubierta de Alcira. La madre les dijo: “Quiero saber lo que vais a hacer con mis hijas y si las vais a fusilar, quiero que me fusiléis a mí la última”.

Los milicianos rojos les ofrecen la vida a cambio de relaciones sexuales a lo que se niegan, y las asesinan. La madre aún tranquilizaba a sus hijas diciendo “hijas mías, no temáis, esto es un momento y el cielo es para siempre”.

Fueron enterradas las cinco en la cruz cubierta de Alzira hasta que se trasladan en 1944 a una cripta en Algemesí y hasta 1961 en que se trasladan a la parroquia de San Pío X. El 14 de enero de 2001 se exhuman sus restos y se depositan en la iglesia de San Jaime. Las cinco fueron beatificadas por Juan Pablo II el 11 de marzo de 2001 en la plaza de San Pedro de Roma.